Pedro Páramo también habla español del alma.
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Pedro Páramo también habla español del alma.
"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo."
Así empieza la novela más extraña y más perfecta que ha dado el español. Y si eres de la diáspora, esa frase te describe mejor de lo que quisieras. Cambia Comala por Caguas, por Bairoa, por Medellín. Cambia al padre por la tierra, por la familia, por la versión de ti que se quedó allá. La frase sigue funcionando.
Yo volví así. Buscando algo que me dijeron que estaba.
Qué es Pedro Páramo, en corto
Juan Rulfo, un escritor de Jalisco, México, publicó esta novela en 1955. Tiene como 120 páginas. Murió en 1986 habiendo publicado casi nada más, y con eso le bastó para cambiar la literatura en español. Sin Rulfo no hay García Márquez como lo conocemos: el propio Gabo lo dijo.
La trama, sin dañártela: un hombre llega a un pueblo buscando a su padre. El pueblo parece vacío pero está lleno de voces. Y poco a poco entiendes lo que el protagonista entiende: la gente con la que habla está muerta. Algunos lo saben. Otros no.
No es una historia de horror. Nadie te persigue. Es algo más raro y más triste: un pueblo que existe en el tiempo del recuerdo, donde los muertos siguen haciendo lo que hacían en vida porque nadie les avisó que ya terminó.
Los fantasmas que decimos ser
Ahora mira nuestras dos culturas con esos ojos.
El jíbaro boricua: el campesino de la montaña, con su pava y su machete, símbolo de la esencia puertorriqueña. ¿Cuándo fue la última vez que viste uno de verdad? El jíbaro como figura viva casi no existe. Pero todo boricua dice llevarlo adentro. Es un fantasma que no sabe que está muerto, y nosotros lo mantenemos caminando.
El paisa tiene el suyo: el berraco, el echao pa'lante que se hizo solo. Una identidad que se construyó, en parte, sobre décadas de violencia que Medellín hoy prefiere no nombrar. La ciudad se reinventó, y qué bueno. Pero el fantasma camina por debajo del metro cable, y negarlo no lo entierra.
Las dos culturas viven sobre un pasado que nunca terminaron de enterrar. Como Comala.
La diáspora como Comala
Y aquí está el golpe. El que vuelve después de años afuera hace exactamente el viaje de la novela: llega buscando al padre. La tierra, el origen, la casa de la abuela, el barrio.
Y encuentra que ya no está. O que nunca fue como te lo contaron. La casa es más chiquita. El barrio cambió. La gente que te hacía sentir de ahí ya murió o también se fue.
No encuentras el origen. Encuentras las voces del origen. Y te das cuenta de que tú también eres, en parte, un fantasma: el que se fue sigue caminando por esas calles en la memoria de los que se quedaron, sin saber que esa versión tuya ya no existe.
Lo que PaisaRican hace con esto
Hay dos respuestas fáciles a esa experiencia. La nostalgia: congelar el pasado en postal y venderlo bonito. El trauma: quedarse en la herida y no salir.
PaisaRican intenta una tercera: arte que dice "yo sé que somos fantasmas parciales, y eso también es hermoso". No pretendemos que el jíbaro vive. No negamos lo que Medellín fue. Ponemos los fantasmas en la pared, con tipografía grande, y los miramos de frente.
Por eso viene una serie visual basada en Pedro Páramo: figuras en ambientes que son boricuas y paisas al mismo tiempo, con textura de ceniza y luz de vela. Drop futuro. Los muertos que somos, vestidos con dignidad.
Antes de tu próximo viaje
Si tienes pasaje para PR o para Colombia, hazte un favor: lee Pedro Páramo antes. Son dos o tres horas. Está en audiolibro si prefieres escucharlo.
Vas a aterrizar distinto. Vas a caminar por tu pueblo oyendo las voces, y en vez de dolerte, te va a parecer sagrado.
🇵🇷 + 🇨🇴. Somos los fantasmas, y estamos bien vestidos.
Lecturas relacionadas:
Fuentes:- Juan Rulfo, Pedro Páramo (1955)
- Gabriel García Márquez sobre su descubrimiento de Rulfo, prólogo a ediciones conmemorativas de Pedro Páramo