La cisterna no es fealdad. Es soberanía.
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La cisterna no es fealdad. Es soberanía.
Hay un hombre en un techo de Caguas con una manguera en la mano. El cielo está ese color raro, entre gris y amarillo, que todo boricua reconoce: viene tormenta. El hombre no está rezando. Está llenando la cisterna.
Eso es lo primero que hay que entender de la cisterna: nadie la puso ahí por gusto. La puso la experiencia.
Por qué existe la cisterna
Si nunca has vivido en Puerto Rico, déjame explicarte la cadena. El agua de tu casa depende de bombas. Las bombas dependen de electricidad. Y la electricidad depende de LUMA, la empresa que opera la red eléctrica desde 2021 y que lleva años fallando con una consistencia casi admirable.
Cuando se va la luz, se van las bombas. Cuando se van las bombas, abres la pluma y no sale nada.
El huracán María, en septiembre de 2017, llevó esa cadena al extremo: hubo partes de la isla que pasaron casi un año sin electricidad. Un año. Y donde no hay luz, no hay agua corriendo.
La cisterna es la respuesta del pueblo a esa ecuación. Un tanque negro en el techo que se llena cuando hay servicio y te salva cuando no lo hay. No es decoración. Es memoria institucional hecha de plástico.
Y en Colombia, ¿qué?
Aquí la comparación paisa es interesante porque es distinta. En Medellín, EPM funciona. El agua llega, la luz llega, y la clase media no necesita tanque en el techo. Por eso la cisterna en azotea casi no existe en el paisaje antioqueño.
Pero sube a las comunas y la historia cambia. Ahí donde el estado llegó tarde o no llegó, la gente acumuló agua en bidones, organizó acueductos comunitarios, resolvió en colectivo. La forma es otra. El instinto es el mismo: si el sistema no te garantiza el agua, te la garantizas tú.
| Puerto Rico | Colombia |
|---|---|
| Cisterna en la azotea | Bidones en la entrada o el patio |
| Depende de lluvia y bombeo propio | Depende de EPM, más estable |
| Post-María: símbolo de resiliencia | Comunas: símbolo de auto-organización |
| Parte del skyline boricua | Casi invisible en la clase media |
La desconfianza que se volvió sabiduría
Hay algo incómodo y hermoso en esto. La cisterna existe porque el boricua aprendió, a punta de apagones, que no puede confiar en que el sistema funcione. Esa desconfianza no se quedó en rabia: se convirtió en infraestructura personal.
Eso tiene un nombre que los urbanistas no usan: soberanía adaptativa. Tú no controlas a LUMA. Pero controlas tu techo.
Los turistas ven las cisternas y piensan que la isla está descuidada. Los que vivieron María las ven y piensan otra cosa: esa casa tiene agua pase lo que pase.
La cisterna como paisaje
Los fotógrafos boricuas lo entendieron antes que nadie. Mira las azoteas de Santurce desde un balcón alto: cisternas negras contra el cielo, una tras otra, como una cordillera artificial. Es el skyline real de Puerto Rico. No el de los hoteles de Condado: el de la gente.
Artistas de la isla llevan años metiendo la cisterna en murales, en fotos, en arte urbano, porque saben que es el objeto más honesto del paisaje. Un edificio puede mentir. Una cisterna no.
Por qué va en arte PaisaRican
PaisaRican pone la cisterna en carteles por la misma razón que pone palabras como puñeta y ay bendito en una camiseta: porque lo ordinario carga la historia que lo solemne esconde.
La cisterna no es arquitectura de pobreza. Es arquitectura de resistencia. Es la prueba física de que un pueblo decidió no esperar a que lo salvaran.
Y si eres de la diáspora y un día vuelves, fíjate en los techos cuando el avión baja. Esa cordillera negra te está diciendo algo: aquí aprendimos a depender de nosotros.
🇵🇷 + 🇨🇴. Wear your word.
Lecturas relacionadas:
Fuentes:
- Yarimar Bonilla y Marisol LeBrón (eds.), Aftershocks of Disaster: Puerto Rico Before and After the Storm (2019)
- Crónicas y reportajes post-María sobre la crisis eléctrica y de agua en Puerto Rico (2017-2018)
- LUMA Energy, lumapr.com — reportes de servicio 2024-2025