El que carga la tierra
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Cada agosto, en Medellín, un hombre se echa a la espalda una montaña de flores y camina.
Le dicen silletero. Y aunque hoy es la postal más bonita de la ciudad, su historia empieza mucho antes de que hubiera flores.
Antes de las flores, estaba el peso
La silleta no nació para ser bella. Nació para cargar.
En las montañas de Santa Elena, el corregimiento campesino al oriente de Medellín, antes de que hubiera carreteras, había trochas. Y por esas trochas, hombres con una estructura de madera en la espalda movían de todo: mercancía, café, herramientas. A veces, personas. La silleta era una silla de carga: el que no podía subir la montaña, subía en la espalda de otro.
Ese es el origen que la postal no cuenta. El silletero, antes que floricultor, fue carguero. Su oficio nació del peso.
De cargadores a emblema
Con el tiempo, las flores se volvieron el centro. Lo que fue herramienta de trabajo se volvió lenguaje. Y a mediados del siglo XX, la Feria de las Flores puso a los silleteros en el corazón de la ciudad: Medellín se miró a sí misma en la espalda de sus campesinos.
Pero ojo con esto, porque es lo que más me importa: la cultura silletera no nace en la tarima. Nace en el territorio.
Detrás de cada silleta hay una vereda. Hay una familia que lleva generaciones sembrando, armando, cargando. Hay un saber que se hereda de abuelo a padre, de padre a hijo, no en un salón sino en la tierra. El sombrero aguadeño, el poncho, el carriel, el machete: no es un disfraz típico. Son las herramientas de un mundo de trocha y trabajo, estilizadas por la memoria.
El silletero es el arriero que dejó la mula y se echó las flores.
Lo que todos cargamos
Y aquí es donde esto deja de ser una historia de Medellín y se vuelve una historia nuestra.
Porque todos cargamos una silleta.
El que se fue de su tierra la lleva a la espalda, aunque no se vea. La carga en la forma de hablar, en la comida que busca por toda la ciudad, en la canción que se le sale sin querer, en la palabra que nadie a su alrededor entiende. El que emigró es un silletero invisible: sube su montaña, la de un país nuevo, un idioma nuevo, una versión nueva de sí mismo, con toda su tierra en la espalda.
Y la pregunta que hace el silletero es la misma que nos hace la diáspora: el peso que cargas, ¿dejas que te doble, o lo haces florecer?
El silletero tomó la carga más dura que existe, la del trabajo y el origen humilde, y la convirtió en lo más bello que desfila por Medellín. No repitió el peso. Lo transformó. Y eso, para nosotros, lo es todo: heredar no es repetir. Es cargar hacia adelante, y hacer que florezca.
Nuestro homenaje, no nuestro souvenir
Por eso, para esta Feria, en PaisaRican no copiamos una silleta. No tomamos sus flores ni sus diseños; esos les pertenecen a las familias de Santa Elena, a su memoria, a su patrimonio. Hicimos algo propio: el cartel de un hombre coronado por lo que carga, un silletero que camina la montaña con su tierra a la espalda. Porque el que carga la tierra, en algún punto, se vuelve la tierra.
Es nuestra manera de rendir tributo sin extraer. De celebrar sin apropiarnos. De recordar, en voz alta, desde la distancia.
Porque nosotros también cargamos lo nuestro en la espalda: Medellín, la isla, todo lo que se quedó allá. Y desde acá, lejos, lo hacemos florecer.
Feria de las Flores · Santa Elena · Medellín. El Desfile de Silleteros es el 9 de agosto.